La retinopatía diabética no avisa. En sus etapas tempranas no duele, no molesta y no genera síntomas visibles. Pero podemos detectarla antes de que afecte tu visión.
En las etapas tempranas la retinopatía no genera dolor ni cambios visibles. El único modo de detectarla es con un examen de fondo de ojo.
Cuando la glucemia se mantiene elevada por tiempo, los vasos de la retina se vuelven frágiles. Ese daño puede progresar en silencio.
Con seguimiento regular y buen control, la gran mayoría de las personas puede preservar su visión. El tiempo es el factor clave.
Se aplican gotas para dilatar la pupila. El efecto dura algunas horas — es recomendable no manejar ese día.
Con la pupila dilatada se puede ver la retina completa. Es un examen visual, no invasivo, sin contacto directo con el ojo.
Al terminar el examen tenés un diagnóstico claro: si hay retinopatía, en qué etapa está, y qué hacer en cada caso.
La frecuencia de los controles depende de tu situación particular. Lo definimos juntos según tu historia clínica.
La recomendación es un control anual de retina desde el diagnóstico. Si nunca hiciste uno, este es el momento.
Aunque el último examen haya salido bien, el seguimiento regular es lo que permite actuar antes de que algo cambie.
Manchas flotantes, visión borrosa o zonas con menos nitidez son señales que merecen una consulta pronto.
Médico especialista en Oftalmología con subespecialización en Retina y Vítreo. Formado en el Hospital de Clínicas y con entrenamiento en centros de referencia en retina. Atiende en San Martín de los Andes con foco en el diagnóstico y seguimiento de retinopatía diabética.
Un control a tiempo puede marcar la diferencia. El examen es simple, el resultado es claro, y el turno lo pedís online desde acá.
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